08 octubre 2009

The Jim Jones Revue - Poseídos por Little Richard

Esto es rock and roll. Señoras y señores, este disco es una auténtica bomba sónica. Una jodida maravilla absolutamente im-pres-cin-di-ble. Y es que hacía tiempo que no escuchaba un disco de rock and roll tan salvaje e impactante como el primer trabajo de The Jim Jones Revue (Punk Rock Blues Records, 2008).

El rock and roll se caracterizó por ser un sonido gamberro y con altas connotaciones sexuales. Pues eso, y nada más que eso, es lo que han hecho The Jim Jones Revue, actualizar el sonido del rock and roll para que hoy más de 50 años después del invento, siga sonando a peligroso y nos consiga quitar el hipo y decir que guau, que esto sí que es rock. Riffs y melodías más que manidos vuelven a coger lustre de la mano del combo de Jim Jones, consiguiendo darles una vuelta de tuerca más.

The Jim Jones Revue (I. a D.): Elliot Mortimer (piano), Gavin Jay (bajo),
Jim Jones (voz y guitarra), Rupert Orton (guitarra) y Nick Jones (batería).

Foto de Nathan Seabrook, sacada del mySpace de JJR.


Todo en el disco, grabado en directo en 48 horas, es perfecto. La producción cruda y garagera, las guitarras afiladas, la base rítmica demoledora y espídica y la voz de Jim Jones, que es capaz de berrear como un poseso a actuar como un impersonator de Elvis en «Fish 2 Fry». Pero por encima de todo, los teclados. Esos teclados maravillosos que son el alma del disco, puro rock and roll.

Jerry Lee y Little Richard (a quienes versionan en «The Meat Man» y «Hey Hey Hey Hey») estarían orgullos. De hecho, me juego el cuello a que venderían su alma al Diablo por haber sacado un disco como este. Pero el Diablo sólo acepta un trato, y estos dos ya se la vendieron.

Joven Frodo

Y de postre un vídeo de «Princess and the Frog», el temazo que abre The Jim Jones Revue. No me digas que no estás deseando escuchar el disco entero:


Más información:

JJR | mySpace | página web | Canal de You Tube

07 octubre 2009

Tiembla, Toledo. Ya está aquí la Ciudad Imperial de Sudor

Sudor es una de las revelaciones de este año para Mordor Sonoro Webzine. Les vimos con Muletrain y flipamos. Nos pusimos en contacto con ellos y grabamos una entrevista que publicaremos en breve.

Mientras tanto, ahora ando flipado con Ciudad imperial, un EP de cuatro canciones cortesía del sello Sólo Para Punks, y que según leemos en la página web del grupo es «Tan sucio y negro como el culo de un minero, y claro está, de agujero bien gordo. Como a tí te gusta».

Pues sí, qué cojones. Y es que el punk puede estar muy bien producido pero ante trabajos tan viscerales como este te preguntas para qué coño tanta producción en un disco de hardcore punk. Un sonido oxidado salido de las entrañas de estos tres chavales y grabado por Mario (Muletrain, Silla Eléctrica) en local de ensayo de los toledanos; quien consigue que suene a culo, que esto es hardcore.

El EP lo componen cuatro pedradas que duran en torno al minuto (la más larga es de 1'34''); «Escuadrón de fracasados», «La mierda siempre apesta», «Qué más te da» y «Reprimidos». Sudor sacan a relucir esas influencias del hardcore más rápido y que se encuentran en la encrucijada de Discharge con el hardcore escandinavo de bandas como Anti Cimex, Mob 47 y Bastard, según nos comentaron en la entrevista arriba mencionada. Nosotros el rollo escandinavo como que no lo pilotamos, pero sí que aquí hay esa esencia de los primeros grupos de la factoría Dischord como Government Issue o Youth Brigade, así como Eskorbuto, MG15 y Toreros After Olé.

El disco está dedicado a Toledo, «Ciudad Imperial, por esa peste conservadora que expulsa de sus calles, Con la que han querido asfixiarnos y convertirnos en tristes ciudadanos de patéticas ambiciones». Está claro que no lo ha conseguido (asfixiarles) y que tenemos Sudor para rato. Dios salve al Caudillo y a su enclave fascista.

Joven Frodo

06 octubre 2009

El triunfo de ver a Neil Young en el Primavera Sound


A finales de febrero, la organización del Primavera Sound anunciaba a bombo y platillo su plato fuerte. Nada más y nada menos que Neil Young, uno de los grandes de la historia del rock y que, lejos de vivir de las rentas, sigue en la línea del frente ofreciendo conciertos increíbles y discos interesantes. De la presencia de Neil Young en el festival hablamos en su momento, y dejamos caer que casi seguro, alguien de Mordor Sonoro estaría presente. Promesa cumplida.

La primera impresión del festival es apabullante. Literal. El despliegue es casi excesivo. Sistemas de seguridad más propios de la embajada de Israel que de un festival de música. ¿A cuanto de qué quitarte la entrada, no vale con romperla? ¿Y para qué diferentes entradas para el día y para la noche? Una vez dentro, la locura. Un total de cinco escenarios, algunos muy alejados unos de otros, hacen que pases la mitad del tiempo deambulando de acá para allá. La impresión final es que sí, que el cartel puede ser muy bueno, pero entre las coincidencias y las carreras de un lado a otro del recinto no llegas a ver ni a la mitad de los grupos.

Así estaba el escenario Rockdelux durante el pase de Deerhunter.
Foto de Alk, Mordor Sonoro Webzine.

Eso sí, excepto en el escenario Pitchfork, el sonido y la disposición era excelente, ya que las instalaciones cuentan con varios anfiteatros que hacen las veces de cómodas gradas. Lo de poder ver el concierto sentado sin peligro de que alguien se ponga delante es algo que, tanto los bajitos los viejunos agradecen.

A parte de fragmentos de conciertos de Deerhunter (excelentes) y Shearwater (interesantes, aunque el sonido era pésimo), esto es lo que dimos de sí.

Maika Makovski presentó su nuevo trabajo.
Foto de Alk, Mordor Sonoro Webzine.

Maika Makovski ha vuelto a pegar un nuevo golpe de timón a su sonido. Me alucina que tras el cambio de Kradiaw a Kraj So Kóferot (una mini reseña aquí) esta chica sea capaz de dar un nuevo giro con tan buen gusto. El rock musculoso del primero se une a la elegancia del segundo para dar canciones que me recordaron a una mezcla de Jon Ulecia y Atom Rhumba. Rock con toques de country, guitarras afiladas y ritmos casi bailables. El público respondió favorablemente a la nueva propuesta de Maika quien incluso llegó a hacer un bis, cosa inaudita en festivales. Esperamos ya que las negociaciones con el máster lleguen a buen puerto y podamos disfrutar pronto del disco.

Kitty, Daisy & Lewis era una apuesta casi segura. Tras disfrutar mucho con su primer álbum homónimo, quedaba comprobar cómo llevaban éste al directo. Poco ayudados por papá (guitarras y banjo) y mamá (contrabajo) los tres hermanos dieron toda una lección de actitud desde que salieron al escenario. No es cosa de risa que, entre los tres, llegasen a tocar más de seis instrumentos (guitarras, órgano, acordeón, batería, banjo, trombón, xilófono... y alguno me dejaré). Su directo hace que el más incrédulo por su propuesta caiga rendido a sus pies.

Kitty, Daisy & Lewis: algo más que un hype.
Foto de Alk, Mordor Sonoro Webzine.

Llegó el turno de Neil Young, por eso estábamos allí. El escenario y la banda eran los mismos que en el Optimus Alive del año pasado; todo indicaba, pues, que la magia de aquel concierto iba a repetirse en Barcelona. El canadiense arrancó con «Mansion on the hill» y «Hey hey, my my (Into the black)». Parecía que se iba a repetir el show atronador del año pasado en el Optimus Alive (incluso la banda era la misma), pero con «Are you ready for the country» Neil Young se sentó al órgano y el concierto se serenó un poco. La verdad es que hasta «Everybody knows this is nowhere» (el primer clasicazo que puso al público a los pies del canadiense) el sonido fue más que mejorable. Algo totalmente incomprensible y una cagada tremenda por parte de la organización, que tampoco ha explicado porqué en vez de las dos horas y pico prometidas el concierto se quedó en una escasa hora y media.

Siguieron cayendo clásicos imperecederos como «Pocahontas», «Cortez The Killer», «Cinnamon girl» (con TODO el público desgañitándose), «Mother Earth», una vibrante «The needle and the damage done», las emotivas «Heart of gold» y «Old man» y, ya terminada la parte «acústica», una tremenda «Down by the river» en la que la banda atacó el que terminó siendo el tema más largo de la noche; solos y guitarrazos a mansalva nos devolvieron al Young más fiero. Para terminar, cayeron «Rockin' in the free world» y, como único bis «A day in the life», con distorsiones, feedback y rotura de cuertas.

A las 21:30, el mundo se paró.
Foto de Alk, Mordor Sonoro Webzine.

Sorprendió que, tratándose de una gira de presentación no tocase apenas nada de Fork in the Road, del que sólo cayó «Get behind the wheel». Yo, sinceramente, lo agradecí, ya que este álbum es más bien flojo y no aguanta el tipo ante los más recientes Prairie Wind (2005) o, sobre todo, el enorme Chrome Dreams II (2007), del que cayó «Spirit road». Y por las sonrisas del personal, diría que la mayor parte del público también lo agradeció.

Sonic Youth fueron los únicos que hicieron sombra al padrino del grunge, incluso por momentos llegaron a superar a su viejo ídolo, por mucho que me joda reconocerlo. Es increíble como pudieron sonar tan bien, con un sonido perfecto, cuando Neil había tenido sus problemas al principio del pase. Tras entregar el fantástico The Eternal (deudor de los Sonic Youth de los noventa; me recuerda mucho a Dirty y a Experimental Jet-Set, Thrash, and no Star. Este último por cierto, es el primer CD que me compré), los neoyorquinos están exultantes y su actuación en el festival fue una buena muestra. Un verdadero torbellino sónico que noqueó al público y puso de rodillas a incluso a los no creyentes en la religión del noise y del feedback. Todo un conciertazo que dejó a muchos (yo incluido) con la lengua lamiendo colillas.

Black Lips: despiporre garantizado y hostias como panes.
Foto de Alk, Mordor Sonoro Webzine.

Y con los Black Lips llegó el desparrame. Tras dar dos conciertos en el festival ese mismo día (uno en la carpa de myspace y otro en formato acústico), los de Atlanta llegaron para partir la pana y demostrar que, más allá de ser el nuevo hype de las revistas de tendencias, lo suyo es clase, fuerza y (des)control. No se quién fue el membrillo que les programó tan mal, nada menos que a las 3:00 de la mañana, en el escenario más pequeño y «compitiendo» con DJs en el resto de escenarios. Un cúmulo de factores que sumados a su progresiva popularidad hicieron que el concierto se petase y no cupiese ni un alfiler. El público se mostró con ganas de montarla (inolvidable el hielazo en la cara de Jared Swilley —bajo y voz— ¡antes de que siquiera empezasen a tocar! y que aguantó sin decir ni esta boca es mía) y los Black Lips correspondieron: la montaron. Los pogos, empujones y saltos fueron constantes desde el minuto cero, tanto que al final decidimos retirarnos. Aguantamos como ocho canciones, pero no estaban los cuerpos para el lerele. La próxima vez hasta el final. Prometido.

Texto: Joven Frodo
Fotos: Alk

05 octubre 2009

Dishammer y su Vintage Addiction. Satán estaría orgulloso.

Dishammer son uno de los grupos que llevan sonando en mi mp3 desde hace meses. Unos van y vienen, los escucho una vez y los sustituyo rápidamente. Pero ellos siguen ahí, para cuando me apetece mover melenas. Y es que un discazo como Vintage Addiction lo merece. El álbum apareció a finales del año pasado, en doble edición en CD y LP (por el sello Hells Headbangers).

El grupo está formado por Raul (guitarra, en los imprescindibles Moho), Victor (batería), Iñaki (bajo, también de Moho y Looking for an Answer) y Dopi (voz, cambiando radicalmente del registro de Machetazo), viejos perros, pues, en esto del metal y punk extremo.

Dishammer practican un hardcore-thrash-punk brutal, demoledor y anfetamínico, bebiendo tanto de Venom y Celtic Frost como de Slayer, Anestesia y Discharge. Pero, sobre todo, esto suena a como lo harían Motörhead tocando versiones de aquellos.

Dishammer en acción en Xixon. Nos toca dentro de poco.
Foto sacada de su myspace.

Líricamente, Dishammer nos presentan un universo donde las obsesiones de Poe se mezclan con los Evil Dead de Sam Raimi, Demons de Lamberto Bava o Nekromantik de Jörg Buttgereit. Las más malsanas e infames perversiones se hacen realidad según pasan las pistas de Vintage Addiction: catalépticos revolviéndose en sus tumbas, hombre lobos motorizados sembrando el terror, tumbas abiertas y cadáveres violados, ejércitos de muertos vivientes portando el estandarte del caos y Satanás riéndose desde su trono mientras se emborracha con agua bendita e ingentes cantidades de hierba.

Y cuando te quieres dar cuenta... el disco se ha acabado. Ha pasado volando y te ha dejado imágenes de degeneración y caos grabadas en el cerebro.

Y mientras tanto, en el infierno, Asmodeo se quita los auriculares y sonríe. Sí señor, estos chicos le han dado unas cuantas ideas. Y tras una carcajada que retumba en sus dominios de sulfuro, vuelve a pulsar el play.

Joven Frodo

04 octubre 2009

Crónica del Azkena Rock Festival 2009 - El rock no son sólo guitarrazos...

Tarde. Muy tarde llega esta crónica. Pero no podíamos dejar de hacerla. Porque sí. Porque el festival se lo merece. El año que viene, más.

Y otro año más, los perros de Mordor trotábamos hacía Vitoria para nuestra cita anual con el Azkena. Llegamos con ansia de conciertazos y este año de nuevo nos llevamos buen sabor de boca. La verdad es que es un gustazo llegar al recinto y volver a pisar los lugares que tan buenos momentos nos han dado en los últimos años. Este año encontramos algunas novedades como el escenario «amateur» donde subía la gente a tocar unos temillas (se oyeron algunas delicias por allí) o la zona de descanso (poco aprovechada por el ritmo de conciertos). Pero según te aproximas al escenario de turno ya te va entrando el gusanillo de siempre y directamente pasas al estado de «borrachera» (lo del perro de Paulov, ya sabéis).

La asistencia, según LTI, este año ha sido alta; 7400 personas el primer día, 14029 el segundo y 13000 el tercer día (un poco hinchadas, ¿no chicos? Que una cosa son entrada vendidas y otra gente que realmente fue). Aun así, como es costumbre en este festival, no hemos sufrido aglomeraciones ni colas innecesarias. ¡Esto es un lujazo!

Y como en algunas cosas no nos hemos puesto de acuerdo, aquí va una crónica a tres voces, contada por Dr. Jarri (en texto estándar), el Joven Frodo (en azul) y Javi Kaos (en verde). Que en Mordor no somos de opinión única, oiga, aquí hay gustos para todo y cada uno es de su padre y de su madre.

Primer día (14/05/09)

Negras tormentas agitaban los aires. Sumando a eso el frío polar de Siberia-Gasteiz normal que la organización decidiese lo que terminó siendo innecesario (no llovió el primer día, contra todo pronóstico): cambiar toda la jornada del jueves del escenario grande Lux Interior a la carpa Ron Asheton, ambos en honor a dos personalidades del rock recientemente fallecidas. Mucho mejor que el Escenario San Miguel del año pasado.

La jornada comenzó pronto y Jeny Dee & The Deelinquents nos pillaron comiendo en las tiendas. Y por lo que oímos desde allí, mucho me temo que ese fue, para los que estábamos allí, el mejor bolo del día.

Siguió The Inspector Cluzo, donde el dúo gabacho ofreció una buena ración de funk-hard-rock. No es que fuesen la pera, pero agradaron a los que nos congregamos por allí. Es jodido decir que ese fue el mejor concierto del día. Así de reguleros estuvieron los pases de la primera jornada (y es que a mí no me gustaron tanto The Breeders como a Dr. Jarri).

Los Burning, ay. El grupo de la Elipa merece respeto por lo que ha aportado al rock patrio, pero que Johnny sea el único integrante original vivo le resta gracia al asunto. Decidimos dejarlo pasar y escuchar las canciones desde la tienda. Y es que vistos los lamentables especáculos de viejas glorias que nos hemos tragado en este festival, mejor no tentar a la suerte.

White Denim fueron los siguientes. Francamente, tenía curiosidad por verles. Y ver si cambiaba mi opinión sobre ellos tras verles en directo. Nada. Su directo me causó la misma impresión que su disco; el primer tema te dices «vaya, esto mola», al terminar el segundo estás ya más que harto. De la misma forma que no he podido escuchar entero Workout Holiday, dejé el concierto inacabado.

Y al fin pudimos ver a las Breeders y, pese a que el aura de «vieja gloria» de Kim Deal ha caído por sus recientes visitas a nuestro país, había nervios en el ambiente por ver como se lo hacían. No defraudaron. Dieron un buen repaso a su cancionero intercalando algún tema de su último álbum Mountain Battles. Momentos de nostalgia con «No Aloha», de psicodelia con su versión del «Happiness is a warm gun» y de euforia colectiva con «Cannonball». Vamos, lo que queríamos y además bien tocado. Mención especial para la voz de Kim Deal, en muy buen estado. Buena idea programarlas a las nueve. Que estas chicas se confunden mucho con la noche...

Bien es cierto que las Breeders ofrecieron un espectáculo por encima de mis expectativas (como ha dicho Dr. Jarri, la noche confunde a estas chicas y me temía un fiasco), pero aun así el show no pasó de correcto, como era de esperar con un álbum tan flojo como Mountain Battles. Y es que, aunque me gustan mucho Last Splash y Pod, hay que reconocer que las canciones de The Breeders no son tan perfectas, en conjunto, como las de los Pixies.



Un rato después aparecía Juliette Lewis en el escenario. Esta vez con nueva banda The New Romantiques, bastante más de diseño que los Licks con los que vino las anteriores giras. Y aunque no sonaron mal, tampoco llegan a decir nada, eclipsados por el protagonismo de Juliette. La artista vino a repetir el mismo show que ya hemos visto interpretando algunos temas nuevos pero sin llegar a emocionar, excepto al público de las primeras filas que la manosea a conciencia cuando se lanza desde el escenario. Si he de ser justo he de reconocer que en un par de temas más blues la artista llegó a cantar mal. De hecho chirriaba bastante al oído. Bueno, pues eso.

En cuanto a Juliette Lewis, he de comentar, que aunque en lo musical, el espectáculo no fue tan visceral como solía ser, la nueva banda le dio una solidez que ya le hacía falta. Un sonido más cuidado y una puesta en escena más medida, que no controlada en alguna ocasión, fueron las mejoras que a mi juicio ha tenido esta chica. Por lo demás, depende del gusto del oyente.



Cerraban el día los suecos Hardcore Superstar nombre curioso que refleja lo que estos chicos intentan. Mezclar el sleazy rock de Los Angeles con el hardcore más burrito de Nueva York. Vaya, como mezclar agua y aceite. Pues así les quedo la cosa. Regular. Creo que incluso tocaron bastante bien, pero al público no nos llegó a calar su propuesta y aburrieron un poco.

La verdad que en Hardcore Superstar solo se pueden ver clichés, cada gesto, cada movimiento, cada nota, representa una faceta del rock americano más hortera, en el buen sentido, pero que al final no termina de cuajar. Su concierto fue irregular y con exceso de maquillaje y laca de uñas, eso si, tocaron «Wild boys» y «We don't celebrate sundays».

Segundo día (15/05/09)

La segunda jornadá arrancó en el centro de Vitoria donde presenciamos a Eli "Paperboy" Reed. Le habíamos estado escuchando un día antes en Radio 3 y tenía la voz tocada de su concierto en La Riviera (y juerga posterior, según contó, con los miembros de The Right Ons). Su actuación mañanera nos tranquilizó: su voz estaba en buena forma.

Tras la actuación de Eli siguieron las obligadas rondas de pintxos, lo que nos retrasó más de lo querido y nos imposibilitó llegar a ver a Jon Ulecia y sus Cantina Bizarro (una lástima, su disco Last Night Dream es fantástico). Nos contentamos así con poder degustar a Elliot Brood. ¿Sabéis de esos pequños tesoros secretos que todo el mundo tiene? Son para tí, no los quieres compartir con nadie más. Pues esa es la sensación que me quedó despues del concierto de Elliot Brood. Sonaron estupendos, son unos músicos enormes y la poca gente que estábamos en el escenario Lux Interior apreciamos su entrega y guardaremos este recuerdo como oro en paño.

Dr. Dog era uno de los momentos más esperados. Me encantan sus discos y cuando me enteré de que tocarían en Azkena me emocioné. Fue aquella una sensación tan intensa como la estupefacción al ver el arranque del concierto. ¿Dónde estaban esos delicados arreglos instrumentales? ¿Y los maravillosos juegos de voces? Sus instrumentaciones se transformaron en un sonido musculoso que no les sentaba bien y sus excelentes voces en alaridos al viento sin ninguna musicalidad. Más que cantar, berrearon. Poco a poco conseguí entrar en su rollo y me conseguí meter en el concierto, que no terminó de estar mal del todo. Aún así, fue decepcionante. Quizá fue, simplemente, un mal día.

A media tarde Eli "Paperboy" Reed, hacía su entrada en el escenario como los grandes soulmen presentado micrófono en mano al ritmo de su banda The True Loves y con los metales arreciando. A pesar de su aspecto de niño bueno ya desde el principio demostró su admiración por el padrino del soul con unos movimientos espasmódicos y poses de predicador que irían en aumento a lo largo del que —según dijo— sería su último concierto de la gira. Sonó bien, sonó muy bien y levantó unánimemente al (siempre difícil) público del Azkena en varias ovaciones cerradas a la vez que hacía menear las caderas del personal en bailoteos desenfrenados.

Solo añadir que en ningún momento dejó que bajase la intensidad de su espectáculo, con sus veintipocos años ya es un MC como la copa de un pino. Nos tuvo bailando desde que salió, hasta que nos hizo estallar con su versión de más de 10 minutos de «(Doin' the) Boom boom».

Un concierto memorable. No cayó la versión de «The ace of spades» de Lemmy y compañía, pero sí que sonó la apabullante versión del «I'm gonna break every heart I can» del gran Merle Haggard. Todos los de Mordor salimos babeando y con las altas expectativas que teníamos convertidas en realidad.



Nos enteramos al llegar al recinto que Bad Brains habían suspendido su gira europea y entraban en el cartel otros veteranos del punk, U.K. Subs Y aunque teniamos ganas de ver lo "macarras o jamaicanos" que venían los Brains, no fueron, al fin y al cabo, un mal sustituto, dando un concierto justo pero intenso.

La noche nos traía a unos desaparecidos Soul Asylum que pese a desplegar un repertorio bastante digno, no acabaron de convencer. Sería el sonido, que comenzó regulero, sería que Dave Pirner se había bebido demasiadas cervezas.

Y llegó el gran momento. El concierto que todos estábamos esperando, los Black Crowes en Vitoria, en el Azkena, un festival que si no existiese habría que inventarlo para que tocasen ellos. Y mucho se rumorea que el cambio de fechas ha sido a causa de su fichaje. Los Crowes arrancaron fuerte y empezaron a caer temazos como «Sting me», «Hard to handle» o «Remedy», y el público respondió volviéndose loco. Pero un concierto que había empezado tan bien tornó pronto en pesadez. Largos e interminables solos pudieron con mi paciencia y capacidad de atención, haciendo que me aburriese por momentos. Para el final recuperaron el brío, sonando «Goodbye daughters of the revolution» o «Thick n' thin», pero la sensación agridulce no me la pude quitar de encima. Y es que fue un concierto en el que faltaron canciones. No lo digo porque no sonasen, por ejemplo, «Conspiracy» o «Seeing things» (que también). Fue, simplemente, que sobraron pajas guitarreras.



Electric Eel Shock, para muchos el grupo de chinos del batería con un calcetín en la polla. Pero realmente fueron los que pusieron la guinda en esta jornada un poco desigual. Como si se hubiesen tomado 100 cafés salieron berreando y corriendo de un lado al otro del escenario. Lamentablemente no demasiada gente disfrutó de su mezcla de punk, heavy metal y hard rock, después de los Crowes la mayoría del aforo abandonó el recinto, como si ya lo hubiesen visto todo. Pero evidentemente quedaban Electric Eel Shock, y ellos nunca pasan desapercibidos. En resumen, un conciertazo para los adictos al género.


Tercer día (16/05/09)

Por la mañana del último día de festival se comenzó a congregar gente al rededor del escenario situado en el centro de Vitoria. En él se iba a desarrollar uno de los eventos más esperados del Festival. Después de 5 años Mike Farris volvía al Azkena, ya despojado completamente de sus Screamin' Cheetah Wheelies. En este caso su propuesta era más soul y gospel y el formato de este primer concierto prometía mucho. En realidad lo único que necesitó fué abrir la boca para que todo el público se entregase a él. Después de haber visto a Eli "Paperboy" Reed el día anterior, ahora tenía más razón de ser este concierto. Formas, maneras y estilos diferentes pero un mismo resultado, energía soul de alto octanaje. Aún así no terminó de sonar bien.

La tercera jornada de Mendizabala comenzó con Jonny Kaplan & The Lazy Stars en el escenario. Esta era la segunda vez que tocaba en el Azkena y excepto por sus Lazy Stars, no hubo muchos cambios. Rock americano sólido y con unas potentes melodías y abriendo fuego en el escenario pequeño el sábado. Sobre todo sonaron temas de su recién estrenado Seasons, pero tampoco dejaron de sonar temazos como «Ride free» ya casi al final del concierto. Jonny Kaplan se supo ganar al público enseguida, aunque teniendo en cuenta que es frecuente su paso por la península, probablemente no le costó mucho.



Woven Hand ofrecieron uno de los conciertos más intensos del festival. David Eugene Edwards nos dio una buena ración de su particular lectura del sonido americana. Yo esperaba un concierto intenso, sí, pero calmado y elegante. Pues no. Decir que no fue elegante no es en absoluto una pega, pero no es apropiado para describir el oscuro sonido que descargó el ex 13 Horsepower. Acompañado de un bajo y una batería que sonaron brutales y compactos, dándole músculo a los espasmos y guitarrazos de David Eugene Edwards. Para mí, junto a Mike Farris, Eli "Paperboy" Reed y The Soundtrack Of Our Lives, lo mejor del festival.



No entiendo lo de The New Christs. Sus discos me parecen de lo más aburrido y anodino, en directo son más bien flojos y la visión de un Rob Younger con aspecto de octogenario no invitó al disfrute. Un par de canciones y a la zona de descanso.

Mike Farris is the man. Fue pegarle una escucha a Salvation in Lights para darme cuenta de que el concierto del ex Screamin' Cheetah Wheelies iba a ser de lo mejorcito del festival. Y aaunque su pase matutino no terminase de cuajar, el de la tarde fue uno de los mejores conciertos del Azkena. Como ha dicho Javi Kaos, son estilos diferentes los de Mike y Eli. El show del primero se centra en él mismo, mientras que Farris cede el protagonismo a sus músicos, que eran telita, especialmente las cantantes de gospel. Con un público entregado desde el comienzo, el carismático Farris ofreció un recital de éxtasis y paroxismo carnal y espiritual. Si las misas aquí fuesen así...

A la tercera va la vencida. Parece que la organización se ha tragado el orgullo, porque cuando en la edición de 2003 The Soundtrack Of Our Lives hicieron el feo de cancelar el concierto un día antes, la organización señaló que serían vetados de por vida (el año anterior habían hecho lo mismo). Menos mal que se lo tragaron, porque los suecos dieron un pedazo de concierto que será recordado por todos los aficionados. Abandonando su peculiar sonido psicodélico, en directo los suecos son una máquina de rock que cayó como una bomba en la carpa Ron Asheton, que estaba a reventar.

Fun Lovin' Criminals supieron lo que es sufrir a una estrella. En su segunda aparición en el Azkena les tocó la china, tocar justo antes de Alice Cooper en el mismo escenario. La consecuencia de este hecho fue la reducción del tiempo previsto en un primer momento para la banda. Esto también afectó a los Toy Dolls, que tuvieron que actuar en el escenario pequeño, y todo por montar un mega escenario, para que Alice se pudiera pasear a gusto. Evidentemente al grupo no le sentó nada bien y Huey y los suyos afilaron su socarronería para darnos un concierto atípico. Sonaron sus temas clásicos como «The king of New York», «Scoobie snacks» o «Love unlimited», pero también hicieron versiones de las «vacas sagradas» del rock transformando temas como el «Foxy ladie» del Hendrix en un verdadero cañón. En general, todos sus temas sonaron más eléctricos, más guitarreros y más rápidos que de costumbre, pero sin perder ese tufillo tan cool que les caracteriza.



La estrella de la noche era Alice Cooper y como dice Jon Ulecia

Me quedaría por Alice Cooper. Aquí me puede la nostalgia. Crecí musicalmente desde que Alice entró en casa. Y luego cuenta todo el asunto del espectáculo... Bueno, a mí me parece enternecedor que todavía nos intente hacer creer que sigue aquí por la música.

Y sin duda nos lo hizo creer. Ver a Alice Cooper en escena es visualizar el significado de la expresión «tener tablas». Maneja a su banda como a títeres, el escenario como su salón y el atrezzo como el mejor de los actores. Ahí es donde mas impresiona. El repaso a los clásicos no se hizo esperar y comenzó directamente con «No more Mr. Nice Guy», para ir desgranando clásicos: «School´s out», «I´m eighteen», «Only women bleed», «Under my wheels», «Killer», «I love the dead» y «School’s out» para dar paso al momento espectáculo de la noche con brujería, infanticidio y linchamiento incluidos. «Welcome to my nightmare», «Steven», «Dead babies» (el momento horca es de lo que se recuerdan). Así llegó la recta final con «Feed my Frankenstein» y los bises con «Elected» y la inevitable «Poison». Se nos quedó corto. Faltaron temas imprescindibles. Pero casi todos en Mordor nos llevamos un muy buen sabor de boca cortesía de la bruja.

De verdad que sentía curiosidad por ver a Alice Cooper. No es ni mucho menos santo de mi devoción, pero su primera época me gusta. En cuento a lo que ví en el Azkena, me pareció un concierto bastante triste que confirmó mi prejuicio de que Cooper es una estrella caída en desgracia. O quizá fue culpa mía por no entrar en su teatrera puesta en escena, que ni me pareció original ni me terminó de gustar. En cuanto a la banda, a pesar de que demostraron destreza y puesta escénica, no me gustó como banda para Alice Cooper; me pegaban más para una acompañar a, pongamos, un James Hetfield en solitario. Tampoco entendí como dejan solos de batería que no viene a cuento sólo para cubrir el rato en el que Alice se cambiaba el disfraz. Fue un quiero y no puedo.

Y el último concierto y fiesta final corría a cargo de los Toy Dolls. Pues eso, de cabeza al pogo. Allí entre el sudor y la cerveza fuimos escuchando «Victory», la imprescindible «Nelli, the elephant». Los chicos están en forma. Incluso parecían sobrios (no quiero decir que lo estuvieran) Otra ración de aplausos y moratones por todo el cuerpo.



Mención especial para el momento Dave Pirner que protagonizaron dos perrillas de Mordor al asaltar al cantante de Soul Asylum dándose una vuelta para compartir con el sus delirios etílicos y frotarse un poco. Ya sabéis lo del fenómeno fan... Estos son los Vitoria´s Secrets.







Texto: Dr. Jarri, Joven Frodo y Javi Kaos
Fotografías: Alk
Vídeos: Javi Kaos

02 octubre 2009

Calendario de octubre 09 - By Vinagrón y Javier

Calendario de octubre '09, de Vinagrón y Javier. Si el anterior el diseño era un montaje de varias fotografías, este mes es una única (y preciosa) foto.
Haz click en la imagen para descargar en jpg y pdf

Joven Frodo

17 septiembre 2009

El nuevo Producto de La URSS: sí hay futuro

Hace poco nos pajeábamos a cuenta de la buena salud de la escena madrileña de punk, pero lo cierto es que lo que pasa en Madrid es el reflejo amplificado de lo que ocurre en el resto del país.

De la misma forma que en los ochenta Andalucía nos dio a los imprescindibles TNT y KGB, ahora nos da a los jovencísimos La URSS. Y tras dos singles (agotados ya) donde daban buena cuenta de su potencial, a principios de año nos entregaron Producto, uno de esos discos de punk que harán las delicias de los nostálgicos ochenteros.

Estamos hablando de una conexión Dead Kennedys-Crass. De los primeros recogen el espíritu gamberro y la lengua viperina y pluma afilada de Jello Biafra. Escupen contra el orden establecido, sea este «oficial» o «revolucionario», con una actitud de crítica ante todo (que no anti todo) pero sin el punto nihilista de Eskorbuto. Musicalmente, además, encajan en esa hornada de grupos españoles de los ochenta para los que Dead Kennedys fueron una influencia tan obvia como fundamental: los primeros Siniestro Total, Larsen y Espasmódicos, con el punto macarra y rocanrolero que tenían estos últimos y que también les acerca a Escorbuto Crónico, Interterror o a los Cicatriz de 4 años, 2 meses y 1 día.

La muchachada de La URSS. Foto sacada de suSpace.

Como en los discos antiguos nos encontramos que Producto trae un curradísimo libreto de 16 páginas con las letras de las canciones. Y aquí es cuando la conexión con Crass se hace más evidente. Los fotomontajes y los collages traen a la memoria los trabajos de Gee Vaucher para la portada de The Feeding of the 5000 o los International Anthem. O al excelente trabajo de los Titanes Planetarios J. Siemens y Kike Kruel con la obra gráfica de Espasmódicos. Aquí hay irreverencia, provocación y sentido del humor, pero con el objetivo claro de escapar del pensamiento único y huir así de la esterilidad mental que nos domina como sociedad.

Producto está editado por Bowery Records (puedes encontrarlo en C/ Luna 18, Madrid), son sólo 550 copias (más una edición especial de 50 copias serigrafiadas en rojo o azul), así que ¡date prisa y hazte con tu copia, que son sólo 10 napos!
Joven Frodo

16 septiembre 2009

Townes, lo nuevo de Steve Earle en la Joy Eslava este viernes 18

Townes Van Zandt is the best songwriter in the whole world and I'll stand on Bob Dylan's coffee table in my cowboy boots and say that.
- Steve Earle (1995)
Nuevo disco de Steve Earle, nueva gira del norteamericano.

En esta ocasión, Steve Earle nos presenta en Townes una colección de 15 versiones escogidas del cancionero de Townes Van Zandt. Steve conoció a Townes cuando el primero empezaba en esto de la música. Van Zandt actuó de mentor del joven Earle, incluso han llegado a tocar juntos y editar el fantástico Together at the Blue Bird Café (junto a Guy Clark, también compañero de correrías de Steve Earle durante los setenta). De todos es sabido que Townes Van Zandt es uno de los ídolos de Steve Earle, quien le considera «el mejor compositor de canciones» del mundo y cuyo primogénito Justin Townes Earle, se llama así en honor de Van Zandt.

¿Qué encontramos aquí? Muchos quilates. La verdad, desconozco la obra de Van Zandt (lo único que he escuchado son las canciones presentes en el mencionado Together at the Blue Bird Café), por lo que no puedo comparar las versiones con las originales. Sí puedo decir que estamos ante un nuevo discazo de Steve Earle. Aquí hay de todo y todo bien tocado. Folk intimista, bluegrass, country, rock, nuevos experimentos con cajas de ritmo (igual que en el notable Washington Square Serenade), blues… Earle nos quería demostrar quién es el mejor compositor del mundo, pero de lo que nos vuelve a convencer es de su innegable talento para la roots music estadounidense.

Un Earle fondón y un Van Zandt talludito posan juntos.
Foto © de Jim Herrington.

Mucho se ha hablado sobre la supuesta crisis creativa por la que está pasando el cantautor estadounidense, habladurías que el propio Earle ha alimentado el entregar un disco de versiones. Y es que editar un disco con material ajeno cuando acabas de entregar dos discos flojos (según la crítica) es añadir más leña al fuego. Estoy de acuerdo (y así lo expresé en su momento) en que The Revolution Starts Now y Washington Square Serenade (sus dos últimos trabajos de estudio) palidecen frente a lo más celebrado de su discografía (Copperhead Road, I Feel Allright, El Corazón o Jerusalem, por citar algunos). Ahora bien, decir que Earle pasa por mal momento creativo me parece que es querer enterrar al muerto antes de tiempo. Sí, Steve Earle no ha entregado últimamente lo mejor de su carrera, pero es de justicia decir que sus discos «menores» no bajan del notable y valen por discografías enteras. Nos queda Earle para rato.

Townes es pues, más que una nueva muestra de la supuesta falta de creatividad de Earle, un homenaje que ya estaba tardando.

Steve Earle estará en Madrid para presentarnos las canciones de Townes este viernes 18 de septiembre en la Joy Eslava, parece que en formato acústico.

La verdad es que me es imposible no recomendar un concierto de Steve Earle. Yo lo he visto dos veces y ambas salí de la sala con el boquino colgando. La primera vez fue en la sala Aqualung, durante la gira de The Revolution Starts Now, acompañado por The Dukes. Lo que vi fue un tremendo espectáculo de country y rock, en el que cupieron versiones de los Rolling («Sweet Virginia») y los Beatles («Revolution»). La banda estuvo pletórica (con un fantástico Eric "Roscoe" Ambel como guitarrista) y Earle se mostró como un animal rabioso y enfurecido, con las fauces cerradas alrededor del cuello de su presa (léase Mr. George W. Bush), a la que no quería soltar. Una pasada, vamos. Y sobre el conciertazo de la gira de Washington Square Serenade ya hablé en su momento.

Será la segunda de tres fechas. El jueves 17 estará en Bilbo (Kafe Antzokia) y el sábado 19 en Barna (Sala Bikini).

Joven Frodo

14 septiembre 2009

Leonard Cohen nos deslumbra en Madrid

Sábado 12 de septiembre de 2009 a las 21.45h, entramos a la platea de un Palacio de los Deportes reconvertido en teatro por unas horas, y nos sentamos en las sillas que nos corresponden según la entrada, centradas y a mitad de pista. Todo parece perfecto pero me invade una gran inquietud, y es que mis expectativas son grandes, no sé si quizás demasiado. Espero que me deje con la boca abierta, y he leído críticas de otros conciertos de ésta gira en las que aseguran que lo ha dado todo en cada uno de ellos. Aún así, tengo mis dudas: ¿estará mayor?, ¿conservará esa voz, a veces susurrante a veces de ultratumba, que siempre me ha emocionado?, ¿estará ya agotado, después de más de un mes de gira? Todo son preguntas que no tardaré en responder.

A eso de las 22.00h, irrumpe en escena al trote (el resto de músicos ya están en sus respectivas posiciones), cual duendecillo del bosque pero con traje y sombrero, elegante como él sólo, mientras el público se levanta y aplaude al maestro. Yo espero en mi sitio, sentada pero nerviosa, hasta que arrancan los acordes de Dance Me To The End Of Love, como era de esperar, pues ha abierto todos los conciertos de la gira.

Termina la canción, y entre los aplausos, logro escucharle cuando confiesa: "No sé cuándo sucederá esto de nuevo, así que vamos a daros todo lo que tenemos" Y vaya que si lo dan. Desde el principio al final se suceden, uno tras otro, todos los grandes temas del poeta canadiense, interpretados majestuosamente por los integrantes de la banda y por él mismo. A Dance Me To The End Of Love siguen The Future, There Ain't No Cure For Love, o Everybody Knows entre otras, hasta que, con Waiting for the miracle, y la presentación de los músicos que le acompañan, da por finalizada la primera parte.

Después de un corto descanso, de unos 15 minutos, vuelve al escenario, a los teclados y acompañado por las tres coristas y Neil Larsen al órgano, para interpretar una sublime Tower of Song, a la que suceden, sin darnos tregua ni para respirar: Suzanne, Sisters of Mercy, un emotivo The Partisan con ovación incluida y todo el auditorio en pie, un Hallelujah coreado por todos los presentes, o un I’m Your Man, que nos dejó sin aliento, para cerrar el repertorio dedicándole a Lorca ese vals vienés tan especial: Take this Waltz.

Pero aquí no termina el espectáculo, y la gente se levanta de sus asientos y se acerca a consolarle cuando comienza a interpretar, emocionado, So Long, Marianne con la que da comienzo a la parte final, y que fue seguida de First we take Manhattan, y Famous blue raincoat, con la que abandona el escenario tras su: “Sinceramente, L. Cohen

Por si nos hubiera sabido a poco, y tras una sentida ovación de varios minutos, vuelve a salir de nuevo para interpretar If it be your will, Closing time y I tried to leave you, antes de terminar con Whither Thou Goest, que cantó junto a la banda y parte del equipo técnico a los que no paró de elogiar ni un momento y durante la que añadió: "Quiero daros las gracias por mantener vivas mis canciones todos estos años".

Cabe decir, que en todo momento expresa un profundo respeto hacia los músicos que le acompañan, en ocasiones arrodillado y en otras de pie, y quitándose literalmente el sombrero cada vez que el foco ilumina a cada uno de ellos durante sus interpretaciones en solitario. Todos son músicos excepcionales, y tienen sus minutos de gloria, pero merecen especial mención: Javier Mas (a la guitarra de doce cuerdas, la bandurria y el laúd), que al comienzo de Who By Fire, en la primera parte, nos deleita con un precioso solo de unos cuantos minutos de duración, con un único foco por iluminación, y que proyecta su sombra engrandecida sobre la cortina que decora el fondo del escenario; Sharon Robinson, colaboradora y gran compositora que ha acompañado a Cohen en numerosas ocasiones, y que interpreta maravillosamente Boogie Street, aparte de realizar los coros que acompañan todo el repertorio junto a las hermanas Webb; Hattie y Charley Webb, que cantan If it be your will, acompañadas de su arpa celta y su guitarra respectivamente, y precedidas de los mismos versos recitados por el propio Leonard Cohen; o el saxo y la harmónica de Dino Soldo que dan comienzo a There ain't no cure for love y So Long, Marianne.

En resumen, impresionante. Y es que, no solo no decepciona si no que es mucho más emotivo y sentido de lo que podía imaginar, haciéndome llegar incluso al borde de las lágrimas en algunas ocasiones. Y en respuesta a las preguntas que me planteaba en un principio: Si, está mayor, pero rejuvenece a cada instante, cantando sus poemas uno tras otro. Si, conserva esa voz grave y susurrante que le hace diferente a todos, incluso más rota que antes pero indiscutiblemente suya. Y no, no daba muestras de cansancio alguno, aguantando estoicamente en el escenario incluso en los momentos en que dejaba solos a sus acompañantes.

Por cierto, los que no habéis tenido la oportunidad de verle, deciros que todavía estáis a tiempo, pues toca mañana en Zaragoza, el 17 en Bilbao y el 21 en Barcelona, dónde celebrará sus 75 primaveras. Realmente merece la pena.

Lan

06 septiembre 2009

El Dioni - 20 años después

A casi nadie le dice nada el nombre de Dionisio Rodríguez Martín. Pero todos sabemos quién es El Dioni. Y cuando oímos su nombre a muchos nos viene a la cabeza un superhéroe de la clase media que un buen día tuvo dos cojones como los de Espartero y se atrevió a hacer aquello que muchos pensamos en hacer cada lunes cuando suena el despertador y para lo que nunca hemos tenido el cuajo suficiente.


El pasado mes de julio se cumplieron 20 años de "la gesta" de El Dioni. Según cuenta su biografía, de niño quería ser policía. Y de mayorcito el director de personal de la empresa de seguridad en la que trabajaba, Candi S.A., le rebajó a conductor de furgón sin más explicaciones, después de haber ocupado puestos importantes como empleado de seguridad. Un buen día, a finales de julio de 1989 fingiendo una ciática aprovechó que sus dos compañeros bajaron a recoger la pasta de una pastelería en Madrid y se piró con el furgón cargado de billetes.

Se llevó 300 millones de pesetas (1.800.000 €), la mayor parte eran propiedad del Banco Central Hispano, que en su día estaba en mano de Alfonso Escámez, en plena fusión fallida con el conocido Banesto de Mario Conde y a punto de entrar en una extraña operación bancaria con los Albertos.

Portada del disco "Todo sobre mi furgón" (2000). Parafraseando el título de la peli de Almodóvar.

El Dioni se piró a Brasil con la pasta. Cambio de look con el peluquín y a vivir por todo lo alto durante dos meses. Lo pillaron en septiembre de ese año. Al final estuvo 5 años en la trena.
Y después a vivir de las rentas. Y de los 125 millones de pesetas que nunca aparecieron!.

Al salir de la cárcel abrió algunos bares "La cueva del Dioni", en El Molar, "El Caco Dioni" en Baras y "El Rincón del Dioni" en Retiro, su barrio de toda la vida. Pasó a ser uno de los grandes de las leyendas urbanas. Admirado por muchos y odiado por algunos. Nunca se supo si los 125 kilos que faltaban realmente se los pulió en Brasil entre putas, limusinas, peluquines y cocaína. Lo que está claro es que el morbo que despertó su caso le dio lo suficiente para vivir de plató en plató, con sus pequeños negocietes y echándole mucho morro a la vida.

Billete promocional del bar "El Rincón del Dioni",
en el barrio de Retiro.


El dinero da la felicidad, incluso la más sutil. De ser un don nadie que viaja en metro, pasé a tener una avioneta y una limusina, vivir en los mejores hoteles, estar con mujeres de todos los colores

El Dioni

Es innegable la fascinación que produce este personaje, y también su fuerza mediática. Después del robo fue conocido por su famoso peluquín, que últimamente no usa tanto, y su ojo a la virulé, que se operó en 2004. Recientemente fue colaborador permanente del programa de Santiago Segura en La Sexta y recreó su aventura brasileña con Javier Sardá en Duti Frí. También estuvo hace poco con El Follonero en Salvados y recientemente se ha confirmado el rodaje de una miniserie sobre su personaje, en la que el mismo Dioni colabora. Se estrenará en televisión a primeros de 2010.


El Dioni a día de hoy

La aventura del Dioni quedó además retratada en la conocida canción de Joaquín Sabina "Con un par".



Además el Dioni ha celebrado este 2oº aniversario del robo con una canción en plan vacilón junto a su banda Copa Turbo. El título "Candi 19:30". En alusión al nombre de la empresa en la que curraba y la hora a la que cometió la hazaña.

Vídeo El Dioni y Copa Turbo - "Candi 19:30":



Enlaces:

El Dioni en Wikipedia
Hemeroteca La Vanguardia - Noticia original de la detención
El Dioni cuenta como fue el robo - El Mundo
Makea

02 septiembre 2009

¡Esos cuernos, hillbillies! - Hayseed Dixie en la Sala Caracol


Los rednecks Hayseed Dixie fueron uno de los descubrimientos de la edición del 2008 del Azkena Rock Festival. Unos absolutos desconocidos que se quedaron con toda la peña que fue a verles. Creo que fue en la crónica del Ruta 66 donde dijeron que lo único que faltó en el concierto fue una conga. Palabras que, aplicadas al concierto de la sala Caracol, firmo yo mismo: Hayseed Dixie pusieron al público patas arriba con sus versiones en clave bluegrass de clásicos (y no tan clásicos) del rock.

La locomotora bluegrass en marcha y sin frenos.
Foto de Alk, Mordor Sonoro Webzine.

La mini gira que Hayseed Dixie hicieron durante mayo (tres días en Barcelona, Madrid y Bilbao) estaba enmarcada en los actos de presentación de la edición de 2009 del Azkena (dentro de poco habrá crónica; hemos estado un poco perros últimamente). La gente de Last Tour International ha sido lista; vista su buena actuación y recibimiento en la edición del pasado año, ni siquiera el alto precio de las entradas (ya podrían hacer rebajas para los que hubiesen comprado el abono, por cierto) evitó que la sala Caracol estuviese prácticamente llena.

La conexión con el público fue instantánea; arrancaron como una locomotora con «Breaking the law», empezando así su recital de versiones de Black Sabbath, AC/DC, Sex Pistols o los Judas Priests, alternadas con canciones de cosecha propia de su séptimo trabajo No covers.

Muchos aplausos. Los chicos triunfaron como la Coca-Cola.
Foto de Alk, Mordor Sonoro Webzine.

La verdad es que aunque siendo la segunda vez que les veíamos y disipado el efecto sorpresa, la actuación nos gustó tanto o más que en el Azkena de 2008. Se podría pensar que el que un grupo base su cancionero en versiones podría hacer que a la segunda o tercera vez te acabases cansando de la broma. Pero no, porque estos chicos dan mucho más que eso. Sí, es cierto que las canciones que la peña cantaba eran «Highway to Hell», «Masters of war», «Poison» o «Black dog», pero no es menos cierto que sus composiciones propias tenían la misma calidad que estas versiones. Sí, tiran de grandes éxitos y estos son el motor de sus conciertos, pero sus canciones están ahí y van ganando terreno en su repertorio.

Aquí, creo, ya es cosa de que el público crezca en la misma dirección del grupo, acepte sus cambios y deje de suspirar por las versiones, centrándose en todo lo bueno que tienen que ofrecernos. Porque estamos hablando de músicos con una gran pericia instrumental, que en el caso del bluegrass, es el quid de la cuestión. Asistir a un show de estos cuatro papanatas es asistir a lecciones magistrales de bajo acústico, mandolina, banjo, guitarra y violín, que son sus únicas armas. Y aún así, sus conciertos están llenos de pasión y fuerza cuando la cosa lo requiere, y saben jugar con el público, seguirle la bola y darle marcha cuando la pide.

Más cuernos que en uno de Supersuckers.
Foto de Alk, Mordor Sonoro Webzine.

Quiero más. ¿Qué tal una tercera vez?

Texto: Joven Frodo
Fotos: Alk

01 septiembre 2009

Serpientes + El Meister en el Wurlitzer Ballroom


El Wurlitzer Ballroom se ha convertido ya en un bar imprescindible en el circuito de salas de concierto madrileñas. Empezaron tímidamente, pero hoy en día ya es habitual el acudir un fin de semana y encontrarse con buenos conciertos en el cartel. Hemos disfrutado de lo lindo con, entre otros, Moho, Sorkun, The Coyote Men o Alan Tyler. Y el pasado jueves 16 de julio, nos tocó disfrutar con Serpientes, una banda madrileña de rock que está empezando labrarse un nombre, acompañados por El Meister.

El Meister es el proyecto en solitario de Javi Arizona, cantante y guitarrista de Arizona Baby, que, si no te suenan a estas alturas no será porque no hemos dado el coñazo. Teníamos curiosidad por verle; más allá de nuestro apego por Arizona Baby lo cierto es que la música del Meister atrapa, basta darle una escucha a su myspace para ver que ahí hay buen material. Sus canciones están vestidas con unas atmósferas que le convierten en una especie de Daniel Johnston o Jonathan Ritchman patrio. Pero en directo esa experimentación se transformó en simple y puro rock and roll. Armado con guitarra y botas (los taconazos hacían de percusión) fue desgranando un repertorio lleno de buenas canciones, muy bien cantadas (que bien modula la voz este chico) e interpretadas con convicción.

El Meister, solo ante el peligro.
Foto de Alk, Mordor Sonoro Webzine.

Y así los allí presentes (un público compuesto principalmente por conocidos) nos encontramos con un concierto que fue in crescendo en el que El Meister nos regaló unas canciones que iban directas a los pies y las caderas. Entre las versiones, «Jeepster» (T. Rex) y «Lucille» (Little Richard). Esta última para terminar el pase. Casi ná.

El Meister marcándose «Jeepster», de T. Rex.
Más vídeos en el Mordor Sonoro Youtube Txannel.


Reconozco que no sabíamos nada acerca de Serpientes. La primera vez que ví un cartel de un concierto suyo pensé que se trataba de la banda de Dan Sartain, pero no, Serpientes son de Madrid y es otro de esos grupos que darán que hablar. De hecho, ya se está hablando de ellos; algunos periodistas y publicaciones musicales de este país les están dando cancha a cuenta de su primer EP, que ha recibido críticas bastante buenas.

Su Farfisa y sus camisas floridas, mocasines y chalecos hacían pensar en un combo garagero. Y aunque algo de garage hay en sus canciones, en realidad se mueven en las mismas coordenadas que grupos como The Browns, The Grave Yacht Club o Jonny Kaplan, quien, por cierto, participa en su EP de debut. Hablamos pues de sonidos cercanos al rock americano con las habituales pinceladas de country, folk o blues y que te pueden recordar tanto a Neil Young como a Calexico.

Las Serpientes soltando su veneno.
Foto de Alk, Mordor Sonoro Webzine.

Pero no se trata de un grupo que calca los sonidos de sus influencias; sus canciones, muchas de ellas redondas en cuanto a composición, tienen un toque personal (ese deje garagero del que hablaba antes), con unos interesantes cambios de ritmo e instrumentales excelentes (sólo la interpretación de «El bigote» ya mereció el precio del entrada). Hay que reconocer que cometieron alguna cagada (perdonable, el organista se acaba de incorporar a la formación), pero sus canciones son, como he dicho, redondas y su pasión, su actitud y su entrega en las tablas salvan con creces estas pequeñeces. Una banda a seguir de cerca.

Texto: Joven Frodo
Fotos y vídeo: Alk