08 octubre 2008

Justin Townes Earle - The Good Life

De casta le viene al galgo. Steve Earle siempre dijo que su hijo Justin era bueno, «jodídamente bueno», para ser exactos. Muchos pensaréis que claro, que es el padre, ¿qué iba a decir, que era un inútil sin talento? Pero, en el fondo, da igual lo que el Sr. Earle piense. Porque si su hijo fuese un inútil, por mucho que el padre cacarease, pues como que no iba a colar.

Y vaya si cuela. Justin Townes Earle (llamado así en honor de Townes Van Zandt, uno de los mentores de papá Earle) acaba de editar el excelente The Good Life. No es su primer trabajo, pero sí el primero al que le echo la oreja. Su primera referencia fue Yuma, un EP autoeditado que no pude escuchar (ni encontrar en P2P) y que recibió elogios por doquier. Nada he leído sobre The Good Life (por no molestarme en buscarlo, más bien), pero es de los que escucho en el mp3 sin parar, a espera de que me llegue a casa una recién pedida edición en vinilo (para que luego digan que las redes P2P van en detrimento de los artistas).

Como su padre, Justin es un socialista convencido,
conoce la cárcel, ha abusado de sustancias
y le canta a la noche y al desamor.
(Foto (c)
Joshua Black Wilkins, de aquí)

El joven Earle se mueve, como no, en los procelosos terrenos de la música de raíces estadounidense. Y aquí acaba toda semejanza con su progenitor. Mientras papá Earle le insufla al country una buena dosis de rock al estilo Springsteen (era lo que tocaba en la época aunque, a mi entender, S. Earle es mejor que el Boss, cuestión de preferencias), Justin le da un aire más retro, con toques de eso que los estadounidenses llaman old music: folk, blues, ragtime, honky tonk y jazz. De rock, poco.

Por eso, antes que Steve Earle («Turn out my lights» es el único corte que me recuerda al padre, eso sí es una balada 100% Steve Earle), nos pueden venir a la cabeza otros artistas como el Bob Dylan de The Bassement Tapes o popes del country alternativo como Mark Olson o Jason Ringenberg.

Una cosa a destacar de The Good Life es su austero sonido. Las composiciones son buenas, por lo que es normal que el peso del disco caiga sobre ellas y no sobre los arreglos y la producción. Eso no quiere decir que sea un álbum de canciones desnudas, ya que se pueden escuchar arreglos de slides, violines y pianos, unas veces más sutiles y otras más evidentes.

The Good Life es un álbum que se mueve entre la alegría beoda y la melancolía de los corazones solitarios. Canciones alegres y vivarachas sobre la buena vida y las correrías nocturnas se alternan con baladas arrebatadoras sobre desamor y problemas con mujeres y drogas.

Una maravilla oigan. Espero encontrarlo en las listas que ya se están mascando con vistas a finales de año. En la mía estaría, sin dudarlo.

Joven Frodo

1 comentario:

sofia dijo...

lo que se parece este hombre a (abrir tonillo chanante) Rufus Wainwright (cierra tonillo)